Foja Cero 29/10
Martín Jona, Filial River - Nueva Zelanda
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Fallo ESMA - Tres mujeres, tres miradas
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El prestigioso sociólogo Luis Alberto Quevedo analizó en Foja Cero la participación de los medios en el crimen de Candela.
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Etiquetas: Caso Candela, de medios, Luis Quevedo

Myriem Aboutaher tiene 27 años pero acaba de vivir un momento límite de su vida. La muerte le sobrevoló cerca a esta joven marroquí que es organizadora del Instituto de Estudios Avanzados de América Latina. El destino quiso que ella no viajara a la provincia de Salta junto a sus amigas Houria Moumni (23) y Cassandre Bouvier (29). A último momento decidió bajarse del viaje para cumplir con un compromiso académico en Montevideo. Después de enterarse de la trágica noticia del doble crimen, todo fue angustia, culpa y depresión. En definitiva, ella había sido quien convenció a las jóvenes francesas para que participaran de este viaje de estudio por Buenos Aires. Después de la trágica noticia, Myriem decidió encerrarse en su habitación del Hostel One ubicado en Bolívar 1291, el mismo que había compartido con Hounria y Cassandre el último mes en la Argentina. Pasó dos días recluida y sumida en una profunda desazón. Fue ella quien tuvo que afrontar la triste tarea de llamar a Francia para comunicarles a los familiares de las chicas la noticia del violento final. La voz le temblaba cuando tuvo que hablar con el padre de Cassandre, un hombre que acababa de salir de una internación por una afección coronaria. Aboutaher es una excelente profesora de Ciencias Políticas con las mejores calificaciones de la prestigiosa Universidad de la Sorbone. Había llegado a nuestro país diez días antes que sus amigas. Tenía por delante la tarea de organizar un coloquio que llevó el título “El Orientalismo en América Latina”. El evento del que participaron Hounria y Cassandre se desarrollo el 23 y el 24 de Junio de 2011 y fue un éxito. Para festejar las francesas decidieron quedarse a realizar tareas de campo en nuestro país. En su estadía fue que planificaron el trágico viaje al norte. También supieron compartir una alegre velada en la milonga de la tradicional confitería “Ideal” a donde se sacaron fotos y disfrutaron de la sensualidad del tango. Hasta se dieron el gusto de disfrutar de las delicias de la comida de medio oriente en el restaurante Al Shark. Allí también decidieron inmortalizar el encuentro con una imagen donde se las ve sonrientes. Iba a ser su última cena juntas. Tras del doble crimen, Myriem Aboutaher decidió abandonar nuestro país. Fue último domingo cuando se tomó aterrada el primer vuelo que consiguió. Prometió no volver nunca más.
Nota publicada en @LibreDiario el 3 de Agosto de 2011
Lucila Frend eligió el momento justo e indicado para mostrarse en la televisión y gritar su inocencia. Habló pausado ante la maraña de periodistas apostadas en los Tribunales de San Isidro y se animó a derramar una lágrima. Hasta la llegada del juicio oral había optado por un silencio que la acorralaba. Una estrategia similar a la que utilizó Carlos Carrascosa cuando fue señalado por el crimen de su esposa. Primero reserva estricta, después detectó con avidez quién podía ser complaciente con las preguntas y entonces selló la exclusiva.
Los casos tienen aristas que se entrelazan y hacen que los lectores puedan completar una crónica sospechando que el texto podrá ser aplicado a cualquiera de los dos crímenes. La violencia ejercida, el enigma de la motivación (móvil), el misterio del asesino, las sospechas sobre el entorno de las víctimas y los cuestionamientos hacia la investigación son apenas algunos de los puntos donde las dos muertes se unen. Solange y María Marta fueron asesinadas de una manera similar. Si bien las armas utilizadas fue distintas, se puede pensar que los asesinos conocían la escena del crimen, sabían cómo moverse y a qué hora aplicar todo su sadismo. De eso no hay dudas.
Estas muertes rompen con el estereotipo de que los sucesos más sanguinarios y truculentos se cometen en las villas de emergencias como producto de un comportamiento marginal. Nada de eso. A María Marta García Belsunce la acribillaron de seis balazos dentro de un country . Vaya paradoja de la seguridad. A Solange, la muerte la encontró en su PH, primer morada de su proyecto de independencia, ubicado en uno de los municipios más controlados de la zona norte del conurbano, Vicente López. Mientras la mataban salvajemente, en la esquina un custodio de seguridad privada dormía placidamente con la radio de trasnoche.
En los dos casos hubo reiterados intentos de orientar las historias y emparentarlas con las miles de muertes que arrastra la inseguridad cotidiana. Pero no hubo caso. Nadie compró esas hipótesis. En el caso Grabenheimer se insistió con la teoría de los obreros de la construcción lindera. El fiscal Alejandro Guevara anotó esos datos en su libreta de investigador pero arribó a una conclusión: los albañiles no estaban el día del hecho. Es decir, nada se encontró al respecto. En el crimen de Belsunce se intentó una estrategia similar aunque con un gremio diferente. En este expediente se habló de un vecino problemático que lideraba una asociación delictiva con un grupo de guardias de seguridad. Todo fue una fantasía. Prueba de esto es que en ninguna de las dos escenas del crimen se encontró ni una mínima huella de los posibles ladrones. Ni un atisbo de inseguridad. No hubo puertas forzadas, ventanas rotas o ropa desordenada. Solange, la noche de su muerte portaba un lujoso Cartier en la muñeca que el "ladrón" nunca vio. En la casona de El Carmel, mientras los supuestos delincuentes entraban a robar, la perra "Paca" los contemplaba impávida desde la cocina. Nunca ladró.
Los delincuentes no matan con tanta efusividad. Y si lo hacen, cuando culminan su faena se roban todo lo que está a su alcance. Pero eso no pasó. Fueron seis balazos para María Marta y cuatro cuchillazos en el cuello para la joven Solange. Cuando la hipótesis de la inseguridad se esfumó -en los dos casos- se intentó con algo magnánimo. En el crimen del country se habló de narcotráfico, venta de órganos y lavado de dinero. En el caso Grabenhaimer se buscó en la misma dirección. Se apuntó a Roby, el padre de la víctima y sus supuestas relaciones con organizaciones delictivas. El fiscal investigó y descubrió que los más oscuro de este hombre eran los vidrios polarizados que coloca en su local de la zona de Warnes.
También detrás de estas muertes históricas no podía faltar el aspecto sexual. Se recorrió la intimidad de María Marta buscándole amantes y alguna supuesta relación homosexual. El morbo duró un tiempo. Por suerte breve. En el caso Solange se fue más lejos. La propia imputada tuvo que aclarar ante la televisión cuáles eran sus preferencias sexuales. "Me gustan los hombres y siempre me gustaron", dijo con tono apelativo como si el lesbianismo fuese un derivado de una conducta criminal.
Los dos crímenes dieron para mucho más. Hubo tiempo también de hacer mención a las características de la personalidad de los sospechosos. Carlos Carrascosa dejó de ser tal en los pensamientos del fiscal Diego Molina Pico para convertirse en el "gordo de amianto". Así lo llamó el funcionario judicial y hasta lo escribió en su elevación a juicio para revalorizar la frialdad con la cual se expresa este hombre al que le habían asesinado su compañera de toda la vida. También la tildaron de "fría" a la propia Lucila Frend. El novio de Solange, Santiago Abramovich, dijo en el juicio que le llamó la atención como tenía "la capacidad para pasar de la frialdad, de algo racional, al llanto". Algunos medios hicieron referencia a que su cara lo decía todo. Un disparate.
La opinión pública siempre se mostró dividida. Todos señalaron culpables e inocentes como si fuera un juego de mesa. Al igual que Carlos Carrascosa en primera instancia, Lucila Frend se benefició con un contundente fallo absolutorio. Los jueces ya dieron su versión. También lo hizo el fiscal Guevara en su alegato cuando dijo: "Lucila es Carrascosa". Todos hablaron pero los crímenes siguen impunes.
Etiquetas: caso solange, lanacion.com, Lucila Frend
Estoy realmente sorprendido de las repercusiones que generó la carta que le escribí a mi abuelo Dante Trione, más conocido como El Lelo. Muchas gracias a todos los que sintieron esta historia como propia. El blog explotó. En menos de una semana pasaron por acá más de 10.000 personas. Gracias a todos. También a los que escribieron desde el exterior como aquellos que realizaron comentarios desde México, Estados Unidos, Barcelona y Alemania. También gracias a los medios que se hicieron eco de mis palabras. Juro que las escribí desde lo más profundo de mi ser. Gracias a Andy kusnetzoff (@andykusnetzoff) que leyó la carta en "Perros de la calle".
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Etiquetas: carta a mi abuelo, de deporte, River
Querido Abuelo:
Te escribo estas líneas llorando. Estoy desconsolado. Lloré en la cancha en varios tramos del partido. Sabía que las cosas terminarían así. Lo sentía en lo más profundo de mí ser. Lloré sólo sentado en la tribuna. Hoy quise volver al lugar donde a vos te gustaba ir. Llegué a la cancha dos horas antes para ahuyentar los malos fantasmas. Pero no se pudo. Hace semanas que pienso en vos. Dos años atrás nos dejabas para siempre. Hoy te escribo para decirte que marcaste mi vida y uno de esos motivos tiene que ver con River. Fuiste siempre mi gran compañero de cancha. Cómo me divertía verte en la tribuna con el traje puesto. Súper elegante. Un verdadero bacán. “Esto es como ir al teatro”, me decías cuando te imploraba que te saques la corbata para revolearla. Me contaste miles anécdotas que hoy te agradezco. Hay una que me quedó grabada. La relatabas con tanta emoción que me hacías dudar. Me dijiste que habías jugado un partido amistoso en El Monumental. Que te habían invitado y que estaban los más grandes. Pero yo no te lo creía. Ahora, sé que es verdad. Pude comprobar que pisaste el césped del mejor estadio del país. Cuando nos dejaste, a los pocos días, fui a tu casa y me llevé todo tu archivo fotográfico. Entre tantas fotos viejas encontré un tesoro en blanco y negro. Ahí estas con la pelota de cuero en la mano dentro de la cancha. Miré esta imagen toda la semana. Me puse de rodillas e imploré a todos los dioses. Hasta te llamé a tu casa sabiendo que no me iba a atender. ¿Qué dirías viendo a tu River así? Cuanto me gustaría abrazarte como lo hacíamos en cada gol. Cómo lo hicimos en aquella final de 86 cuando fuimos con mi viejo y mi hermano. O en la final de la Libertadores cuando me anticipaste que Crespo hacía dos. River es nuestra historia familiar y lo seguirá siendo. Gracias, muchas gracias por hacerme hincha de River el día que nací. Gracias por contarme los mejores goles. Aquellos que no pude ver. Los de Labruna, Lousteau, Pedernera y Moreno. Gracias por domingos de alegría. Con tu foto en la mano vuelvo a llorar y emocionado te digo: “Perdón abuelo, nos fuimos a la B”.