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martes, 29 de diciembre de 2015

Revista 1986 y una cobertura histórica de River en Japón


En 2011 fundé el proyecto Revista 1986 en el peor momento institucional de River. Hoy, 4 años después, nos encontramos con la oportunidad histórica de vivir el Mundial de Clubes en Japón.

Para la ocasión, viajamos a Japón para seguir el día a día del Millo y plasmarlo en una edición histórica. Con 3 enviados especiales, fotos exclusivas y un trabajo impecable lanzamos nuestro número #50 desde Tokio.

 
 
 
 
Podés conseguir esta edición histórica acá: http://goo.gl/liCNHb


lunes, 31 de marzo de 2014

Teo, pandillas & narcotráfico

Cuando se escuchaba el estruendo de una bala, Teo y sus cuatro hermanos ya sabían qué hacer. Tenían un plan estudiado a la perfección y no hacía falta que nadie les avisara nada. “Ante la primera bala se van corriendo a donde les indiqué y se quedan ahí sin salir hasta que yo les diga”, repetía su padre en cada cena donde se hacía inevitable hablar de la guerra entre las pandillas del barrio.
Entonces, frente al ruido de la balacera, los hermanos Gutiérrez cumplían a la perfección el reglamento paterno. Corrían rápido, pero en silencio, y se escondían en fila debajo de una de las camas de la humilde casa.
Todos quedaban atentos a un nuevo sonido, pero con sus cuerpos resguardados y sus manos en la nuca. Muchas veces, sonaba la segunda bala, la tercera y la cuarta. Pero ellos ya estaban a salvo. Su padre se los había enseñado desde pequeños. Casi al mismo tiempo en que daban los primeros pasitos.

El sonido de la muerte no era ajeno al sur de Barranquilla, donde las bandas de “chiniteros” se disputaban el territorio a los tiros. El barrio había nacido cuando miles de familia sin techo vieron en ese terreno baldío un potencial para reconstruir sus vidas. Poco a poco, lo fueron ocupando y aunque fue tratado de desalojar en varias ocasiones por los dueños de las tierras, la unión entre los vecinos fue fortaleciéndose cada vez más y permitió que el barrio siguiera adelante.
Pero esa solidaridad con el tiempo se fue desgatando para darle paso al narcotráfico y a las pandillas. Así nacieron “Los Malembes”, el primer grupo armado y organizado de jóvenes violentos. Al tiempo, cuando se creyeron los amos y señores del lugar, surgió una violenta competencia llamada la Pandilla de “Los Patrullas”. El recrudecimiento de la violencia marcó la vida de Teo para siempre, pero sobre todo, condicionó la preciada infancia. Quizás por eso buscó en el fútbol un refugio para no morir en medio de una guerra sin cuartel.

A los siete años de edad, el niño Teófilo Antonio pateaba sus primeros balones y vestía un desaliñado uniforme de color rojo y blanco. Una combinación cromática que signaría su vida. En La Chinita, Teo se formó en la escuela de fútbol Independiente Framy. La leyenda cuenta que fue su padre el que le vio pasta de campeón. De hecho fue él quién le regaló su primer balón, un recuerdo imborrable en la mente del colombiano. Entre goles y pases cortos, de joven trabajó en una pescadería y molió maíz para que su abuela hiciera empanadas para vender. Su madre Doña Cristina trabajaba noche y día para poder mantener esa casa que ni siquiera les pertenecía. “Mami, quedate tranquila que cuando sea futbolista te voy a regalar una vivienda propia”, le dijo Teo a quien le dio la vida y siempre cuidó de él. Hace más de tres años logró cumplir su promesa. Teo conoce el esfuerzo a la perfección. Pero también, coqueteó con la extrema violencia en una Colombia que se desangró al calor de las muertes juveniles.
“Una vez yo estaba en la puerta de la casa y un malembe le disparó a uno de los patrullas. Una de las balas me pegó en la hebilla. Menos mal que ninguno de mis hijos estaba ahí en ese instante”, relata Teófilo Gutiérrez padre, quien llegó a jugar fútbol tan bien que lo apodaron “Valderrama”.
Teo relata sus días en La Chinita y aún se lo nota conmovido rememorando escenas de una vida cruda. Tenía miedo todo el tiempo. Debíamos estar encerrados, muy precavidos porque podía aparecer alguien y empezar a disparar. De todo eso se aprende y se crece como persona”, cuenta con los ojos vidriosos. Pero Teo no oculta que conoció la muerte muy de cerca.
Una vez estuvo a punto de ser asesinado por los miembros de una banda contraria que irrumpieron en su casa en busca de un amigo pandillero. El grupo estaba armado hasta los dientes y dispuesto a cualquier masacre. Cuando Teo escuchó movimientos raros salió corriendo a esconderse debajo de la cama. Tal cual su padre le había enseñado. Pero los delincuentes lo encontraron en pocos minutos. Teo temblaba y suplicaba por su vida. Y cuando ya se proponían darle la estocada final, uno de los pandilleros lo reconoció y les dijo a sus cómplices: “Dejen a ese pelao quieto, él no tiene nada que ver con esta vaina”, y se fueron. La bala tenía nombre y apellido. Buscaban a John Gabriel Padilla, uno de los personajes que marcó la vida del jugador para siempre. Fue una amistad de la cuál jamás se arrepintió. Aquellas charlas hasta altas horas de la madrugada y los consejos de una persona de la calle y de las armas, le marcaron al jugador el camino contrario a seguir. John le dijo a Teo que jamás siguiera su ejemplo y que se volcara de lleno a su carrera deportiva. Y hoy Teo lo recuerda con cariño y valora aquellos consejos: “El futbol me salvó”, dice sin tapujos. Aquel niño que eligió seguir el futuro de las canchas en vez del de las armas y las pandillas tiene hoy esposa, hijos, un buen presente y un futuro prometedor: el desafío de triunfar en River y poder brillar en un año dónde se avecina un mundial que lo tendrá como líder indiscutido. (N.d.R: Con la lesión de Radamel Falcao, Teo cobró un rol protagónico en su Selección).


Si queres leer más podes acceder al #29 de @Revista1986 en el Kiosco Virtual http://revista1986.dmtienda.com/suscripcin-6-meses-todo-el-115898

jueves, 31 de enero de 2013

Grito Monumental


La historia de River mostró ejemplos de grandes dirigentes que supieron tener sueños que luego se cumplieron. También existieron y existen dirigentes que se atrevieron a bastardear nuestra estirpe canjenado jugadores para poder pintar las tribunas de un estadio que para muchos es más importante que su propia casa. Todo eso es River. Pero el grito de muchos socios e hinchas se hace fuerte y al mismo tiempo se pierde en la inmensidad de un Río de la Plata, testigo de tantos gritos de domingo.
“Salvemos al Moumental”, ya es un bramido de guerra  que esbozan miles de argentinos. La verdad se impone. Y el tiempo corre.
El Monumental se cae a pedazos. Aunque suene exagerado, “el colón del fútbol”, está viejo, antiguo, y en cada lluvia su historia se descascara y sus rincones se inundan.  Pero ese estadio alguna vez fue una obra maestra de la arquitectura y el diseño. Todavía sigue siendo la construcción más grande la Capital Federal.  Alguna vez fue vanguardia y envidia del fútbol sudamericano. Pero los tiempos cambiaron y como parte de un proceso que se empeña en darle la espalda a nuestra historia, El Monumental quedó abandonado a la suerte de varias dirigencias que no supieron o no quisieron poner la casa en orden. Apenas improvisaron reformas secundarias que tuvieron un fuerte aroma a “pintada de cara” para enfrentar campañas políticas. Tampoco se puede soñar con proyectos magnánimos que conviertan el estadio en una nave espacial. Ni una cosa ni la otra.  
La realidad marca que nadie pensó ni llevó adelante una verdadera reforma estructural del Antonio Vespucio Liberti. La última fue realizada para el Mundial de 1978. Desde aquel evento hasta el presente pasaron seis presidentes y ninguno encaró una remodelación amplia de nuestro querido estadio. Repasemos la lista para no queden dudas: Hugo Santilli (1983−1989), Osvaldo Di Carlo (1989), Alfredo Davicce (1989−1997), David Pintado (1997−2001), José María Aguilar (2001−2009) y Daniel Passarella (2009 − Presente).
Ninguno de los mencionados logró obras trascendentales para mejorar el estadio: sus accesos y comodidad. Algunos apenas se atrevieron a pequeños cambios muy direccionados como pintura en las tribunas, construcción de nuevos palcos o cambios de butacas que estaban desde los años 50.
El estadio Monumental tiene en su nombre a un hombre que amó a River. Ese hombre era Antonio Vespucio Liberti.  Un dirigente que quedó en la historia porque pudo cumplir su sueño: construir un estadio para su querido club. Nació en 1902 en la Ciudad de Buenos Aires. Hijo de genoveses. Viajaba a Europa para buscar talentos y antes de ser presidente llevaba materiales para los jugadores. Liberti fue quién promulgó las contrataciones de Carlos Peucelle y Bernabé Ferreyra. También  compró los jugadores necesarios para conformar La Máquina y seguir engrosando la historia. Hizo un trabajo destacado en las juveniles riverplatenses. Pero todo el mundo lo recordará por El Monumental.
Su primera presidencia fue entre 1932 y 1935. Luego volvió en 1939. Su tercer mandato se dio entre 1943 y 1952 y regresó entre 1960 y 1967. Murió un 28 de noviembre de 1978. Ocho años después, River bautizó el Monumental como el "Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti".
Si hoy estuviera vivo el también gritaría: “Salvemos al Monumental”.
Sumate. Bienvenido al #15, una edición para tomar conciencia.

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viernes, 30 de noviembre de 2012

El cineasta de River

Federico Peretti se emociona cuando habla. Arrastra una y otra palabra y la ansiedad le aflora cuando explica el proyecto que lo tiene desvelado desde hace varias semanas. Será el director de la película sobre “La Bandera más larga del mundo”. Su emoción tiene un fundamento. El proyecto reúne sus dos grandes pasiones: el cine y River. “Esto surgió espontáneamente ya que la idea era hacer un spot para agradecerle a la gente la participación en ese evento, pero cuando estábamos llevando la bandera al Monumental yo me di cuenta que había algo más, ahí me dije esto es una peli”, cuenta mientras contempla en su isla de edición imágenes secretas que cualquier fanático quisiera poder ver.
El film todavía no tiene un nombre definido y si bien el trabajo se concentra alrededor de lo sucedido el 8 de octubre bien podría decirse que esta película se empezó a rodar hace más de 20 años.
Federico vivía a pocas cuadras del Monumental. Aquel departamento de la calle Usares le trae mil recuerdos. Quizás por eso se emociona. En su cuarto había unos cuantos juguetes pero el siempre se concentraba en la computadora que su padre, Ingeniero en Sistemas tenía en el living. La máquina estaba sobre un escritorio y frente a él había una ventana imponente. La imagen de fondo era una postal que le quedó graba a fuego en su retina. A lo lejos se veía el mejor estadio de la Argentina, pero sobre todo se podía visualizar el viejo tablero autotrol que imprimía en letras retro cada gol que River hacía. Entonces, ya desde chico, Federico jugaba con las sensibilidades. Mezclaba sonidos con imágenes y armaba su propia historia fantástica. Con pocos elementos pero con mucha pasión cruzaba una vieja radio que le relataba el partido, con el sonido ambiente de los hinchas que se colaba desde la ventana y con la luminosa imagen de las miles de lamparitas que se prendían en el tablero apenas la pelota superaba la línea de cal del arco que ocupaba el arquero visitante. Ahí estaba Federico para combinar los sentidos y jugar a mezclar matices que aquel escenario le devolvía. Quizás allí se empezó a escribir este guión. Quién lo sabe.
Veinte años después, la vida lo vuelve a poner frente a una computadora para otra vez fusionar emociones y retratar la historia de una pasión. Poder reconstruir cómo miles de almas se organizaron para confeccionar y pasear por la ciudad un "trapo" que mide 7.829,74 metros.
“Pero la pelí es mucho que lo que sucedió con la bandera. Creemos que es la historia de una pasión, del amor por unos colores, de la fuerza de la organización para poder hacer algo por River que entró en la historia del fútbol mundial”, cuenta Peretti contemplado por Suárez, su gato de tres colores.
Cuando el cineasta se refiere a la organización hace mención al trabajo que encabezó el F.A.L (Frente Angel Labruna). “Son ejemplo de militancia, por eso me sumé con mi cámara y mis recursos, y me di cuenta que están por River, que aman a River que dan la vida por estos colores, igual que la multitud que ese día fue a la cancha”, cuenta el director.
El proyecto de la bandera desbordó a los propios organizadores. Una de las escena de mayor tensión de la película es cuando se dieron cuenta que debían subir esas dos toneladas de tela al camión que la trasladaría a Alvear y Tagle.
“Era imposible, eran cincuenta tipos poniendo todo de sí, toda su fuerza, pero no había caso, trajeron vallas para apoyarla y subirla de a poco pero nada. Hasta que hubo un silencio terrible, todos se miraron y lo volvieron a intentar y no se como se logró, sufrimos pero la bandera subió”, cuenta Peretti al que no faltaban ganas de largar la cámara para sumar voluntades.
Son más de quince horas de filmación realizadas por el equipo de Federico y unas cuantas horas enviadas por los propios hinchas que se van a sumar con algo de material generado espontáneamente con celulares o cámaras de fotos. La película llegará a la pantalla grande en diciembre y la intención es subirla a You Tube para que todos los hinchas puedan acceder a verla. También recibieron material desde China, Rumania, Lituania o Polonia. Son videos emotivos de hinchas de River que a la distancias vivieron a pleno ese día histórico. Una jornada que marcó la historia de un club que afronta los peores años de su vida institucional. Un documental que intentará retratar algo difícil de explicar. No es fácil ponerle imágenes a la “enfermedad” que como dicen la canción “de la que nunca nos vamos a curar”.


Lee más sobre el #13 de Revista 1986 entrando acá


viernes, 27 de julio de 2012

miércoles, 27 de junio de 2012

El Pelado



Se viene una excelente biografía de Matías Almeyda, escrita por el colega Diego Borinsky. Ayer lo escuché por la radio contar que por primera vez El Pelado se animó a hablar profundamente de la depresión que sufrió. Opinan Maradona, Batistuta y Bielsa.